Veinticinco años, un solo estándar.
Acabamos piel bovina en México y surtimos a fabricantes en México, Estados Unidos y Canadá. Dos cosas no han cambiado desde que empezamos: curtimos nuestra propia piel, y revisamos cada hoja antes de embarcar.
La curtiduría es nuestra
Casi todas las empresas que venden piel mexicana en Estados Unidos se la compran a alguien más. Nosotros la curtimos. Eso significa que el artículo empieza con una piel que escogimos y una receta que guardamos, así que cuando usted resurta en ocho meses el color sigue empatando con la muestra que tiene en la pared.
También significa que cuando algo tiene que cambiar, no hay un tercero en medio. Le explica el problema a la gente que puede resolverlo.
Y también la importamos
Tener curtiduría no le sirve de nada a un fabricante americano que no quiere administrar un embarque transfronterizo. Por eso también hacemos la importación. Usted compra piel puesta en su planta, con una sola factura y un solo contacto.
Esa combinación es todo el negocio. Producción e importación bajo el mismo techo, que es la razón por la que un comprador en Texas puede pedir piel mexicana igual que se la pediría a un proveedor de la otra cuadra.
Cada hoja, cada embarque
Revisamos el 100% de lo que embarcamos, hoja por hoja. No una muestra, ni un promedio del lote. Es lento y es la razón por la que todavía tenemos clientes con los que empezamos.
Para mueble y automotriz este es el número que importa, porque una piel que califica bien en papel y corta mal en su mesa le sale más cara de lo que costó.
El trabajo del que estamos más orgullosos
Nuestra piel ha ido en vehículos de gama alta de un fabricante europeo y en cabinas de jet privado. Esos programas prueban frote, solidez a la luz, flexión y flamabilidad, y auditan el papeleo con la misma dureza que la piel. Pasar eso una vez cambia la forma en que se opera una curtiduría. Nunca regresamos.